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“¡No hay plata!”, alertó Milei en su primer discurso presidencial, pronunciado el 10 de diciembre en las escalinatas del Congreso de la Nación y de espaldas a la sede de la Cámara baja.

El primer mes del ultraliberal Javier Milei como presidente de Argentina ha estado marcado por una hiperactividad reformista sin precedentes, que de momento ha sido recibida con duras críticas, pero casi no ha surtido efecto en el incierto escenario político, económico y social del país.

“¡No hay plata!”, alertó Milei en su primer discurso presidencial, pronunciado el 10 de diciembre en las escalinatas del Congreso de la Nación y de espaldas a la sede de la Cámara baja. En él esbozó el que hasta ahora ha sido su plan económico: el ‘shock’.

Con él, pretende que Argentina “sea potencia mundial” en el próximo medio siglo.

Su receta es la reducción extrema del gasto estatal, la desregulación total y la acumulación de poderes legislativos por parte del Ejecutivo.

Para ello, Milei, quien ganó el balotaje del pasado 19 de noviembre ante el entonces ministro de Economía, Sergio Massa, ha presentado dos polémicos paquetes de medidas en menos de un mes.

El primero, el decreto de necesidad y urgencia (DNU), firmado el 20 de diciembre y anunciado en horario de máxima audiencia televisiva, contempla la reforma de más de 300 normas legales.

Entre sus infinitas consecuencias, el ‘megadecreto’ -en vigor desde el día 29- permitirá la privatización de empresas estatales, derogará leyes medioambientales y abrirá la puerta a que los clubes de fútbol puedan ser sociedades anónimas deportivas.

De momento, el DNU de Milei se enfrenta a varios escollos.

El primero en el Parlamento, donde su partido, La Libertad Avanza, necesitará la colaboración de otros grupos para que salga adelante.

En segundo lugar, las calles, que ya han sido escenario de varias protestas auspiciadas por la Confederación General del Trabajo (CGT) y otras organizaciones sociales y sindicales. La mayor central obrera del país ha convocado media jornada de huelga general para el 24 de enero, y ‘cacerolazos’ vuelven a componer la banda sonora del país, 22 años después de la crisis de 2001.

Pero es el obstáculo judicial el que más ha frustrado los planes del Ejecutivo. La semana pasada, la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo dictó dos medidas cautelares contra el DNU que suspenden temporalmente la reforma laboral incluida en el decreto.

Para intentar sortear estos trámites, Milei anunció poco después un proyecto de ley con más de 600 artículos.

De aprobarse, la llamada ‘ley ómnibus’ otorgará ‘superpoderes’ legislativos al Ejecutivo hasta finales de 2025, cuando Argentina saldrá de la situación de emergencia múltiple que el proyecto diagnostica.

El controvertido plan también deberá pasar por el Congreso, donde ha encontrado críticas de la izquierda, del peronismo y del ala más moderada de la coalición centroderechista Juntos por el Cambio.

Precisamente la líder de este espacio y antigua rival de Milei en las elecciones presidenciales de octubre, Patricia Bullrich, es, como ministra de Seguridad, la principal garante del nuevo enfoque del Gobierno en esa materia, caracterizado por su severidad para limitar las movilizaciones.

Sin embargo, el ‘shock’ ha tenido hasta ahora pocos efectos en el maltrecho bolsillo de los argentinos, que han visto dispararse la inflación, incluso después de la fortísima devaluación del peso argentino lanzada por el ministro de Economía, Luis Caputo, sólo dos días después del inicio del mandato.

El portavoz presidencial, Manuel Adorni, admitió recientemente en su conferencia de prensa diaria en la Casa Rosada que la cifra de la subida de precios en el último mes de 2023 podría superar el 30 %, lo que colocaría el acumulado en torno al 200 % y conduciría a Argentina a la hiperinflación.

Más allá de esto, Milei ha continuado ofreciendo su particular ‘show’. El presidente se ha prodigado en televisiones y radios del país, ofreciendo una faz más moderada que durante la campaña.

Al menos en tres ocasiones, Milei saludó desde el icónico balcón de la Casa Rosada, la última este lunes junto a su pareja, la humorista Fátima Flórez, que le acompañó ese día en su postergada ‘mudanza presidencial’ desde el Hotel Libertador a la Quinta de Olivos (residencia oficial), en las afueras de Buenos Aires.

El mandatario tampoco evitó mostrarse ante las cámaras cuando votó en las elecciones del club Boca Juniors -del que es simpatizante- horas después de que 13 personas murieran en Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires) a causa de un temporal de lluvia y viento; o cuando acudió al espectáculo de imitaciones de su novia en un teatro de Mar del Plata.

Tras la actuación de Flórez, Milei subió al escenario y la besó apasionadamente antes de avisar a los argentinos del amargo futuro inmediato.

“Van a venir meses muy duros, pero nos vamos a poner de pie”, aseguró un Milei que parece caminar con paso firme sobre un suelo demasiado inestable.

January 10, 2024

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